Historia Antigua - Universidad de Zaragoza - Prof. Dr. G. Fatás

ESPARTA. LA GRAN RHETRA. INSTITUCIONES.

Cuando todo el mundo estaba reunido, no se permitía a ninguno presentar propuestas, sino que el pueblo era soberano para decidir sobre las propuestas presentadas por los ancianos y los reyes. Pero más tarde, cuando ya el pueblo por medio de supresiones y añadidos lograba adulterar y tergiversar las propuestas, los reyes Polidoro y Teopompo añadieron la retra siguiente: 'Pero si el pueblo habla de modo errado, los ancianos y los reyes deben oponerse'. Esto es, deberían dejar de ratificar la decisión, rechazándola enteramente y disolver la asamblea sobre la base de que estaban adulterando y transformando la propuesta en algo contrario al interés común. (Plutarco, Licurgo, 6).

De su asiento todos se levantan cuando aparece el rey, pero no los éforos de los asientos eforales. Se intercambian juramentos todos los meses, los éforos en nombre de la ciudad y el rey en el suyo propio; el juramento implica para el rey reinar según las leyes establecidas en la ciudad y, para la ciudad, mantener la monarquía inquebrantable, si aquel mantiene lo jurado. (Jenofonte, Constitución de los Lacedemonios, 15, 6 s.)

Si alguien me pregunta si yo creo que las leyes de Licurgo permanecen inmutables aún hoy, ¡por Zeus!, ya no podría afirmarlo con seguridad. Realmente, sé que los lacedemonios antes preferían vivir ellos solos en su patria disfrutando de sus moderados bienes, a ser harmostas de la ciudad y, al ser adulado, caer víctimas de la corrupción. También sé que, antes, ellos temían que se les viera con oro; en cambio, ahora, hay algunos que se enorgullecen de poseerlo. También conozco que, antes, había expulsiones de extranjeros, y que no se permitía salir del país a los ciudadanos para que no se contaminaran con la molicie de los extranjeros. Ahora, en cambio, sé que los que se consideran los mejores, se esfuerzan en ser harmostas en el extranjero y que nunca llegue su cese. Hubo un tiempo en que se preocupaban por ser dignos de mandar; en cambio, ahora se ocupan mucho más de conseguir el mando, que de ser merecedores de él. En consecuencia, los griegos iban antes a Lacedemonia y les pedían que tomaran el mando contra los que pretendían ofenderles; ahora en cambio, son muchos los que se auxilian mutuamente para impedirles que vuelvan a tomar el mando. (Jenofonte, Constitución de los Lacedemonios, 14).

El principio de la corrupción y decadencia de la República de los lacedemonios casi ha de situarse desde que, destruyendo el imperio de los atenienses, comenzaron a abundar en oro y en plata. Con todo, habiendo establecido Licurgo que no se introdujese confusión en la sucesión de las casas, y dejando en consecuencia el padre al hijo su lote (kleros), puede decirse que esta disposición y la igualdad que ella mantuvo preservaron a la República de otros males.

Pero siendo éforo un hombre poderoso y de carácter obstinado y duro, llamado Epitadeo, por disensiones que había tenido con su hijo, escribió una ley por la cual era permitido a todo ciudadano dar su lote en vida a quien quisiese, o dejársela por testamento (...) Los poderosos adquirieron ya sin medida, arrojando de sus lote a sus legítimos herederos y bien presto, reducidas las haciendas a pocos poseedores, no se vio en la ciudad más que pobreza, la cual desterró las ocupaciones honestas, introduciendo las que no lo son, juntamente con la envidia y el odio a los que eran ricos. Así es que no habrían quedado más que unos setecientos espartanos, y de éstos acaso sólo un centenar poseían tierras, y todos los demás no eran más que una muchedumbre oscura y miserable, que en las guerras exteriores defendía a la República tibia y flojamente, y en casa estaba siempre al acecho de la ocasión oportuna para la mudanza y trastorno del gobierno. (Plutarco, Agis, 5).


Inicio / P.O.A. / Grecia / Roma / Hispania / Cronologías / Fuentes / Atlas / Principales portales