Historia Antigua- Universidad de Zaragoza - Prof. Dr. G. Fatás

CINCO HECHOS BÁSICOS DEL ARCAÍSMO GRIEGO
la triera, la panoplia, el caballo de monta, la moneda y el alfabeto.

La triera.
Los fenicios de Sidón poseen, hacia el 700 con seguridad, trirremes capaces de navegación de altura, movidas por unos 170 remeros dispuestos en tres niveles. Tucídides (I 13) señala los intentos corintios de imitación de esas naves, que triunfan en época de Periandro (comienzos del siglo VI). La mejora básica consiste en situar el tercer piso de remeros en una especie de andamiaje abierto que sobresalía medio metro de la borda. En el piso inferior bogan los talamitas, casi en la línea de flotación. Encima, los zeugitas. En el andamiaje en saledizo, los tranitas, al aire libre (con remos de algo más de 4 m y ya en un ángulo de casi 45 grados). Es una nave de guerra con espolón forrado de bronce. La quilla es de encina, la armazón de conífera. Puede sumergir del orden de 1,8 a 1,2 m. Mide unos 35 x 5 m y tiene forma ahusada. Un puente la recorre a todo lo largo, pero no a todo lo ancho. Usa vela rectangular (muy grande, de unos 150 metros cuadrados) en un mástil único. Lleva dos gobernalles o timones en la popa y carga unos 200 hombres. Su velocidad es alta (5-6 nudos, con remo; hasta 10, con vela y viento de popa) y puede embestir con gran fuerza al enemigo. Sus inconvenientes principales, además de la fragilidad, son su estrechez suma y a escasa estabilidad si navega a todo trapo. Las flotas de este clase posibilitan las aventuras apoiquísticas y promueven muchos negocios artesanos que dependen casi en exclusiva de la actividad de los astilleros (cordajes, velámenes, calafates, astilleros, etc.).

La panoplia.
La falange está compuesta por combatientes pesadamente armados e interdependientes, los hoplitas. Sufragan sus armas y resultan inoperantes individualmente. El sistema extingue la figura del héroe o adalid y basa la defensa de la ................ en sujetos comunes. Las armas ofensivas son la lanza (no arrojadiza, sino para estoquear) y una larga daga (más que espada) de acero. Las defensivas son el casco metálico (cubre cráneo, nuca, nariz y mejillas), la coraza o peto (cuero o lino prensado reforzados con metal, más que metal sólo), cnémides (grebas) para las tibias y el grande y característico escudo redondo de chapa metálica, con doble asa interna, en cuyo manejo hay que adiestrarse mucho. Este escudo protege al hoplita y a su camarada de la izquierda, circunstancia sin la cual no se entiende la significación y funcionamiento de la masa falangista. Aparte el gran desarrollo de las artesanías del metal que la falange supone, implica un cambio profundo en la mentalidad del griego libre que vive en régimen poliado. No es ajena a todo ello la difusión de la técnica del hierro, metal mucho más 'democrático' que el bronce, y no necesitado del raro estaño, asequible sólo para quienes pueden financiar su búsqueda (y lo monopolizan).

El caballo de monta.
En la segunda mitad del siglo VII la caballería montada sustituye a la de tiro (carro de combate). Los griegos de los Estrechos y Anatolia vieron, hacia el 800, a los cimerios y escitas migrantes, invasores de Lidia, combatiendo a Assur, merodeando por Mileto y dueños de Anatolia durante de medio siglo. Los gobernadores asirios disponían de 1.500 jinetes en cada provincia, además de los correos montados. Los griegos consiguieron caballos adecuados, más altos y fuertes que los nativos, en Tracia y Macedonia y aprendieron a montarlos a pelo con una simple brida, sin estribo. Esto último impedía la carga a fondo contra la infantería hoplítica, por lo que los nuevos escuadrones aristocráticos de jinetes practicaron el acoso, el hostigamiento y la emboscada. El papel complementario de esta caballería tiende a transformar a los nobles en una clase meramente censitaria (los "caballeros" (..............) espartanos del siglo V, de hecho, son infantes). Pero las consecuencias no militares (concursos hípicos, educación caballeresca, negocios equinos, rapidez de comunicaciones) fueron importantes.

La moneda.
Hasta finales del s. VII se emplearon alimentos y objetos (joyas, metales, varillas y discos de hierro, llamados óbolos y dracmas) como medio de pago y cambio. Entre 640 y 630, Ardis, hijo de Giges de Lidia, acuña patillas selladas de "electrum" (aleación natural de oro y plata en proporción de 73 a 27). Con Creso (561-546) la moneda ya tiene su configuración definitiva, que se imita en Focea, Mileto y Éfeso con afirmación de la soberanía del poder emisor. La falta de oro nativo llevó a los griegos a adoptar la plata como metal patrón. En Egina (590-580) se emiten estáteras (="estables") de electron de 12,5 gr que se difunden profusamente. Sujetas estas piezas a norma rígida (numos), de ahí su nombre (numisma). "Factor unificador de la Ciudad y simplificador de los intercambios, la moneda puede prestarse y es objeto de especulación, bien mueble económicamente más deseable que los bienes raíces, estimula el comercio e impulsa a la búsqueda fuera de la Hélade de minas de oro, plata y electron.

El alfabeto.
La inscripción colonial griega más antigua (Copa de Néstor, Isquia) data de h. 725 a. C. Ello implica que Calcis conocía el alfabeto de tipo fenicio (22 signos) en el segundo cuarto del s. VIII. En algunas islas comerciantes (Creta, Melos, Tera) algunos signos fenicios recibieron valor vocálico. En Jonia se introdujeron modificaciones mayores. El sistema jonio de 24 signos se impuso en toda la Hélade en el s. IV (había una veintena de alfabetos griegos). Algunos sistemas persistieron en su arcaísmo (Chipre, con 55 signos y tipo silábico de procedencia minoica) y en su carácter mixto alfabético-silábico (Caria, Licia, Panfilia, Tartesos, Iberia).


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