Historia Antigua - Universidad de Zaragoza - Prof. Dr. G. Fatás

ALCIBÍADES Y EL COMIENZO DE LA EXPEDICIÓN A SICILIA

Tucídides, VI 27: "(...) los hermes de mármol que había en la ciudad de Atenas (bloques cuadrangulares tallados que, conforme a la costumbre local, se hallan en gran número en las entradas de las casas y en los santuarios) sufrieron en su mayoría una mutilación del rostro en una sola noche. Nadie conocía a los autores, pero éstos fueron buscados oficialmente, se ofrecieron grandes recompensas por su delación y se decretó que si alguien conocía cualquier otro acto de impiedad, quienquiera que fuese, ciudadano, extranjero o esclavo, podía denunciarlo sin temor. Dieron gran importancia al asunto, pues parecía un mal presagio para la expedición a la vez que daba la impresión de estar relacionado con una conjura revolucionaria para derrocar la democracia.

28 Entonces, hubo denuncias por metecos y siervos, pero no acerca de los hermes, sino sobre otros casos anteriores a cargo de jóvenes que se corrían juergas y borracheras y también denunciaron que en algunas casas se celebraban parodias sacrílegas de los misterios [de Eleusis]. De estos hechos acusaban, entre otros, a Alcibíades. Los que estaban más enemistados con él, por considerarlo un obstáculo en su ambición de ponerse a la cabeza del pueblo, dieron pábulo a estas denuncias. Con la idea de que, si era desterrado, quedarían sin rival, se dedicaron a exagerar el caso y corrieron la voz de que la parodia de los misterios y la mutilación de los hermes indicaban el intento de derrocar la democracia y de que en ninguna de esas fechorías faltaba la mano de Alcibíades. Como prueba aducían otros ejemplos típicos de su conducta de desprecio antidemocrático de la ley .

29 Él trató de defenderse inmediatamente de las acusaciones y dispuesto a someterse a juicio antes de zarpar (ya estaba ultimado el avío de la expedición), para que se aclarara si era culpable de alguna de esas acciones; si lo era, sufriría el castigo, pero si resultaba absuelto, tomaría el mando. Y rogaba con calor que no atendiesen a calurnnias sobre él en su ausencia ; que lo condenaran a muerte si había delinquido, pero que, sin aclarar semejante acusación, sería más prudente no ponerlo al mando de un ejército tan grande antes de que se dictase sentencia formal. Pero sus enemigos, temerosos de que las tropas se pusieran de su parte si se celebraba el juicio de inmediato y de que el pueblo se conmoviera y lo tratara con deferencia, pues gracias a él se habían unido a la expedición los argivos y algunos mantineos, trataban de disuadir a la gente y de evitar a toda costa que prosperase la propuesta de Alcibíades; incitaron a hablar a otros oradores que propusieran la partida inmediata de la flota, sin retrasar su salida, y que a su vuelta se le juzgaría dentro de un plazo fijo. Lo que que querían era que partiese y obligarlo oficialmente a volver a Atenas para procesarlo por una acusación más grave, que ideaban preparar cómodamente en su ausencia. Se decidió, pues, que Alcibíades zarpase.

Tras el fracaso, después de Mantinea, de una alianza antiespartana defendida por Alcibíades, Argos pasó a manos de los oligarcas y se alió con Esparta. Después, los demócratas volvieron al poder y se aliaron con Atenas, si bien apenas pudieron ayudarla. Mantinea, aunque de mala gana, era aliada de Esparta.


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