En casi todas las obras escolares o introductorias a la historia helénica suele figurar un esquema general de los regímenes políticos en las Ciudades griegas que fue establecido por Aristóteles en uno de sus penetrantes estudios. Apunta una tendencia observable en ciertas Ciudades Estado relevantes, pero no puede tomarse con valor general para todas ni, mucho menos, para el conjunto de la Hélade, en donde abundaron las regiones históricas carentes propiamente de Ciudades-Estado. Tampoco sus fases se dan siempre todas ni en ese orden. Pero tiene un notable valor didáctico y explicativo que sirve, sobre todo, para acercarse a la naturaleza del proceso. En resumen, viene a establecer una especie de ley de evolución de los regímenes políticos que atravesarían las siguientes fases:
1) Monarquía, vigente durante los "Siglos Oscuros" y que, paulatinamente, va cediendo el paso a una
2) República aristocrática, cuyo gobierno queda en manos de unas cuantas familias aristocráticas. Ésta degenera a menudo en una
3) República oligárquica, que produce fuerte descontento popular. Un aristócrata excluido de los grupos del poder encabeza una revuelta política e implanta la
4) Tiranía, régimen caudillista, encabezado por él mismo, y que no es necesariamente despótico o autocrático. Los excesos e incapacidades del régimen abrirán, finalmente, el paso a los regímenes ampliamente participativos en los cuales el conjunto de los sujetos libres miembros de la comunidad (demos) acaba logrando la implantación más o menos completa de la
5) Democracia.
La palabra tirano no es de origen griego sino, verosímilmente, lidia. El ejercicio de la tiranía (de la "tiránide", convendría mejor, en griego) está atestiguado con esta denominación por lo menos en el siglo VII, en un poema de Arquíloco, famoso poeta nacido en Paros. Es posible que todo ello tome origen en el hecho de que el rey Giges de Lidia, bien conocido por los helenos, llegase al trono de forma ilegítima como recoge Heródoto (I, 8 y ss.) y que el vocablo sirviese para designar a una forma ilegal de acceder al poder, y no tanto para calificar moralmente el ejercicio de ese poder. El tirano, pues, en griego, no quedaba en principio calificado con esta denominación sino en cuanto a su forma de llegar al gobierno. Palabra más parecida en su sentido a lo que actualmente significa tirano fue, más bien, déspota.
Objetivamente, la gran mayoría de casos conocidos de tiranos helenos muestran que el personaje es un aristócrata, un miembro de la clase dominante, disconforme con el sistema político vigente que, a menudo, es un pacto entre grupos poderosos de la aristocracia que controlan por completo el funcionamiento económico e institucional de la polis. Es frecuente que el tirano haya encabezado manifestaciones de descontento popular y, en ocasiones, alentado las mismas hasta llevarlas a ebullición, logrando una especie de refrendo multitudinario que, a veces, se acompaña de un poder militar. Puede, así, surgir la figura del tirano doblado de demagogo, de conductor o caudillo del demo, de la gente común, de la plebe. En su posterior gobernación, es frecuente el destierro de sus principales enemigos aristócratas u oligarcas, aunque más rara la eliminación sistemática. Algunos gobernantes así llegados al poder procedieron a las reformas precisas en una dirección más participativa, como Fidón de Argos; y otros lograron dotar a su Ciudad de pujanza extraordinaria, como Pisístrato de Atenas. Los regímenes encabezados por tiranos fueron abundantes en el siglo VII y en parte del VI, a menudo en ciudades desarrolladas a cuyo frente estuvieron personajes de esta naturaleza, creadores, incluso, de dinastías, como la de los descendientes de Cípselo en Corinto (Cipsélidas) o de Ortágoras en Sición (Ortagóridas). Los gobiernos ejercidos por tiranos a menudo desaparecen a su muerte y, en los casos de más persistencia, no llegan a superar la tercera generación.
La salida a la crisis planteada por la desaparición del poder personal se resuelve, en bastantes casos, con la designación de un legislador o juez "constituyente", aisimneta , o varios, que emprenden la tarea de elaborar un sistema legal general que consienta la vida más armónica de los componentes de la polis, de los politas o miembros de la comunidad política característica, que es la Ciudad-Estado. Amplios sectores aristocráticos añorarán su pasado dominador y traspasarán con frecuencia a la democracia su aversión por el "tirano": un igual que actuó contra su clase de procedencia.