Historia Antigua - Universidad de Zaragoza - Lcda. P. Rivero

El hospitium celtibérico: estado de la cuestión (1993).

El debate historiográfico sobre el hospitium celtibérico cobra un gran interés en la década de los ochenta a raíz de estudios de investigadores franceses e hispanos como Etienne, Tranoy, Le Roux o Dopico. A partir de este momento se ponen en tela de juicio las hipótesis que Ramos Loscertales había propuesto al tratar esta cuestión en 1942, y que habían sido aceptadas, por la totalidad de los investigadores.
Ramos Loscertales fue el primero en "acometer el intento de aislar el elemento autóctono de los moldes romanos dentro de los que se vertió" ,esto es, determinar las características del hospitium celtibérico separándolas de lo propiamente romano.
Para ello distinguió previamente dos tipos de hospitium. El primero sería aleatorio; consiste en una obligación de índole religiosa y social por la que el peregrino podía entrar en al grupo siendo aceptado como hospes por la existencia de "una creencia religiosa de protección divina" y "una concepción social de estima hacia los hombres generosos para con extranjeros." Así pues, no es instituído por medio de convención alguna, ni ratificado mediante un pacto. Es a este tipo de hospitium al que aludiría Diodoro Sículo en un texto en el que expone como los celtíberos ofrecían hospitalidad espontáneamente al extranjero por la gratitud de las divinidades que esperaban por este gesto y la honra que merecía dentro del grupo aquél que acogía al peregrino.
El otro tipo de hospitalidad sería jurídica. Aquella instituida por medio de una convención pactada entre un individuo o un grupo y otro individuo o grupo. Conocida ya en época prerromana estaría atestiguada en las téseras de hospitalidad escritas en alfabeto ibérico y lengua celtibérica y sería una institución distinta aunque con puntos de similitud con la romana. Para Ramos Loscertales su importancia en el mundo celtibérico le permite segir coexistiendo tras la conquista bajo formas romanas junto a pactos aparentemente iguales pero de los que debía diferenciarse netamente. Tras analizar el pacto de los zoelas, mantiene que la característica principal que permitiría diferencia la hospitalidad romana de la celtibérica sería el concepto de extranjería necesario para la concesión del hospitium: en el ámbito indígena la condición de extrañeza era también de grupo social o local, no sólo política o popular.

Hasta 1983, los investigadores habían aceptado lo expuesto por Ramos Loscertales, si bien algunos de ellos matizaron la cuestión.
Tovar, por ejemplo, indicó que las téseras de Hispania son plenamente identificables con el resto de los documentos de hospitalidad hallados en otras partes del Imperio, y que, por lo tanto su explicación histórica ha de buscarse en el interior de este conjunto.

A mediados de siglo, Alvaro D'Ors estudió la difusión del hospitium y del patronatus en la Península Ibérica, llegando a la siguiente conclusión: "el hospitium fue la forma más prontamente adoptada en Hispania para revestir un tipo de alianzas públicas que eran tradicionalmente celtas. En las zonas más romanizadas, en cambio, precisamente la menos célticas, no existía tal tradición y fué preferida la forma de patronato, como puramente romana..."

Blázquez ya en 1960 y sin contradecir la hipótesis de Ramos Loscertales resaltó que la abundancia de pactos de hospitalidad en la Península Ibérica durante el Imperio se debería a que la vigorosa tradición indígena es continuada por Roma.

Como ya hemos señalado con anterioridad en la década de los ochenta tiene lugar una revisión de la cuestión, prestando atención sobre todo a la función histórica de los pactos de hospitalidad.

Robert Etienne, Patrick La Roux y Alain Tranoy expusieron en el Coloquio de Rouen en 1983 un trabajo en el cual recogían treinta y cuatro documentos de hospitalidad procedentes de la Península Ibérica especificando la datación, el lugar de hallazgo, la forma del soporte, las personas o grupos que intervenían en el pacto, la fórmula del mismo y los testigos, en caso de haberlos.

El análisis de la distribución geográfica de los hallazgos puso en relieve la concentración de estos documentos en zonas ocupadas por poblaciones celtas y celtibéricas. Este hecho resulta muy interesante para poder valorar la existencia de un hospitium indígena en la Península Ibérica.
Según estos investigadores existiría una tradición indígena de la institución del hospitium y una posterior utilización romana. Así, Roma se habría servido del hospitium como medio de control y habría favorecido el establecimiento de pactos.de hospitalidad; habría dejado, evolucionar una institución indígena preexistente para favorecer la integración política y administrativa de los distintos pueblos de su imperio.
Salinas de Frías, en ese mismo año, publica un artículo en el que defiende la existencia de un hospitium indígena diferente del romano. Basándose en un texto de Valerio Máximo, que no había sido tomado en consideración por el resto de los autores a la hora de tratar este tema, defiende que existe la práctica de un hospitium indígena independiente del romano, cuya ceremonia "se verificaba probablemente en presencia de testigos y llevaba aparejada el intercambio de presentes entre los contrayentes del pacto de hospitalidad.". Con el tiempo la concepción de los vínculos de hospitalidad iría cambiando para llegar a identificarse finalmente con su equivalente romano. La acción romana sería la responsable de este cambio.

Una de las últimas aportaciones más significaticas n a este debate historiográfico es la de María Dolores Dopico, quien en 1989 publicó un articulo con el significativo título: "El hospitium celtibérico. Un mito que se desvanece."
En primer lugar esta investigadora insiste en la necesidad de integrar el hospitium celtibérico en el del conjunto de pueblos indoeuropeos, ya que, según ella, ni por su naturaleza histórica, ni por su forma material (las tesserae), ni por su función primaria (la de facilitar las deficientes y escasas relaciones entre individuos de pueblos distintos, es diferente de la práctica de la hospitalidad de los otros pueblos indoeuropeos.
Destaca la homogeneidad de las téseras como soporte material del pacto según testimonian las obras de Plauto o Tácito.. Tanto las téseras romanas de época republicana como las celtibéricas son figurativas y el epígrafe incluye la mención de los participantes (al menos de uno de ellos) y si acaso, una breve mención del pacto.

Basándose en los datos ofrecidos por la tabula del Caurel y la de los lougei (cuyos participantes son exclusivamente indígenas) Dopico mantiene que la función histórica de los pactos sería la de integrar los distintos pueblos en el conjunto del imperio romano, ya que,"como nos dice Cicerón, un huésped ya no es un extranjero", y lograr su pacificación, ya que la propia lógica del hospitium exigía que entre los dos huéspedes no existiese una relación de hostilidad. En palabras de la propia Dopico,"la finalidad de estos pactos era conseguir la integración de estas comunidades en el Imperio, aceptando el poder romano, así como lograr la pacificación de las mismas.." "Los indígenas hacen pactos controlados por Roma y dirigidos hacia sus propios intereses. Es decir, pactos en los que su función histórica viene determinada por Roma y no por los indígenas." Así según esta investigadora el único rasgo de indigenismo en pactos como el de los zoelas o el de los lougei sería el del origen de los participantes.

En la actualidad el debate historiográfico se centra en averiguar la función histórica y el origen de estos pactos. Hipótesis como la propuesta por Ramos Loscertales en 1942 siguen vigentes y gracias a la revisión de la cuestión efectuada a partir de los años ochenta han surgido nuevas apreciaciones que sin duda han de acercarnos a una correcta interpretación del hospitium celtibérico.


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