Hasta 1983, los investigadores habían aceptado lo expuesto por Ramos
Loscertales, si bien algunos de ellos matizaron la cuestión.
Tovar, por ejemplo, indicó que
las téseras de Hispania son plenamente identificables con el resto de
los documentos de hospitalidad hallados en otras partes del Imperio, y que, por
lo tanto su explicación histórica ha de buscarse en el interior
de este conjunto.
A mediados de siglo, Alvaro D'Ors estudió la difusión del hospitium y del patronatus en la Península Ibérica, llegando a la siguiente conclusión: "el hospitium fue la forma más prontamente adoptada en Hispania para revestir un tipo de alianzas públicas que eran tradicionalmente celtas. En las zonas más romanizadas, en cambio, precisamente la menos célticas, no existía tal tradición y fué preferida la forma de patronato, como puramente romana..."
Blázquez ya en 1960 y sin contradecir la hipótesis de Ramos Loscertales resaltó que la abundancia de pactos de hospitalidad en la Península Ibérica durante el Imperio se debería a que la vigorosa tradición indígena es continuada por Roma.
Como ya hemos señalado con anterioridad en la década de los ochenta tiene lugar una revisión de la cuestión, prestando atención sobre todo a la función histórica de los pactos de hospitalidad.
Robert Etienne, Patrick La Roux y Alain Tranoy expusieron en el Coloquio de Rouen en 1983 un trabajo en el cual recogían treinta y cuatro documentos de hospitalidad procedentes de la Península Ibérica especificando la datación, el lugar de hallazgo, la forma del soporte, las personas o grupos que intervenían en el pacto, la fórmula del mismo y los testigos, en caso de haberlos.
El análisis de la distribución geográfica de los hallazgos
puso en relieve la concentración de estos documentos en zonas ocupadas
por poblaciones celtas y celtibéricas. Este hecho resulta muy
interesante para poder valorar la existencia de un hospitium
indígena en la Península Ibérica.
Según estos investigadores existiría una tradición
indígena de la institución del hospitium y una posterior
utilización romana. Así, Roma se habría servido del
hospitium como medio de control y habría favorecido el
establecimiento de pactos.de hospitalidad; habría dejado, evolucionar
una institución indígena preexistente para favorecer la
integración política y administrativa de los distintos pueblos de
su imperio.
Salinas de Frías, en ese mismo año, publica un artículo en
el que defiende la existencia de un hospitium indígena diferente
del romano. Basándose en un texto de Valerio Máximo, que no había sido tomado en
consideración por el resto de los autores a la hora de tratar este tema,
defiende que existe la práctica de un hospitium indígena
independiente del romano, cuya ceremonia "se verificaba probablemente en
presencia de testigos y llevaba aparejada el intercambio de presentes entre los
contrayentes del pacto de hospitalidad.". Con el tiempo la concepción de los
vínculos de hospitalidad iría cambiando para llegar a
identificarse finalmente con su equivalente romano. La acción romana
sería la responsable de este cambio.
Una de las últimas aportaciones más significaticas n a este
debate historiográfico es la de María Dolores Dopico, quien en
1989 publicó un articulo con el significativo título: "El
hospitium celtibérico. Un mito que se desvanece."
En primer lugar esta investigadora insiste en la necesidad de integrar el
hospitium celtibérico en el del conjunto de pueblos indoeuropeos,
ya que, según ella, ni por su naturaleza histórica, ni por su
forma material (las tesserae), ni por su función primaria (la de
facilitar las deficientes y escasas relaciones entre individuos de pueblos
distintos, es diferente de la práctica de la hospitalidad de los otros
pueblos indoeuropeos.
Destaca la homogeneidad de las téseras como soporte material del pacto
según testimonian las obras de Plauto o Tácito.. Tanto las téseras romanas de
época republicana como las celtibéricas son figurativas y el
epígrafe incluye la mención de los participantes (al menos de uno
de ellos) y si acaso, una breve mención del pacto.
Basándose en los datos ofrecidos por la tabula del Caurel y la de los lougei (cuyos participantes son exclusivamente indígenas) Dopico mantiene que la función histórica de los pactos sería la de integrar los distintos pueblos en el conjunto del imperio romano, ya que,"como nos dice Cicerón, un huésped ya no es un extranjero", y lograr su pacificación, ya que la propia lógica del hospitium exigía que entre los dos huéspedes no existiese una relación de hostilidad. En palabras de la propia Dopico,"la finalidad de estos pactos era conseguir la integración de estas comunidades en el Imperio, aceptando el poder romano, así como lograr la pacificación de las mismas.." "Los indígenas hacen pactos controlados por Roma y dirigidos hacia sus propios intereses. Es decir, pactos en los que su función histórica viene determinada por Roma y no por los indígenas." Así según esta investigadora el único rasgo de indigenismo en pactos como el de los zoelas o el de los lougei sería el del origen de los participantes.
En la actualidad el debate historiográfico se centra en averiguar la función histórica y el origen de estos pactos. Hipótesis como la propuesta por Ramos Loscertales en 1942 siguen vigentes y gracias a la revisión de la cuestión efectuada a partir de los años ochenta han surgido nuevas apreciaciones que sin duda han de acercarnos a una correcta interpretación del hospitium celtibérico.