FLAMINES. El nombre flamen se ha comparado con el sánscrito brahman y con el antiguo islandés blot fiesta sacrificial). Eran quince. Los maiores eran el flamen Dialis o de Júpiter, el Martialis y el Quirinalis, de Marte y Quirino respectivamente: es decir, de la vieja triada indoeuropea anterior a la oficial de origen etrusco (Júpiter, Juno, Minerva). Los otros doce servían el culto de otros tantos dioses, aunque sólo nos constan diez: Volturno, Pales, Furrina, Flora, Falácer, Pomona, Vulcano, Ceres, Carmentis y Portunus. Con posterioridad al 44 a. C., los distintos emperadores divinizados póstumamente, comenzando por el divus Iulius (42 a. C.), recibieron un flamen específico. El Dialis debía conservarse permanentemente en perfecto estado de pureza ritual, pues se le consideraba persona sacratísima, obligada a evitar situaciones inmundas, evitar contemplar malos presagios, ser objeto de hechizos, etc., por el desvalimiento en que podía, por tales causas, quedar la comunidad.
REX. El rex sacrorum o rex sacrificolus (mejor que sacrificulus ) desempeñó las funciones religiosas del rey, tras el 509. Sujeto a la autoridad del pontifex, era de rango superior a los flamines. Como en el caso del princeps senatus, era patricio e hijo de matrimonio romano pleno. Estaba sujeto a tabúes, su puesto era vitalicio y su esposa, cuyas atribuciones son mal conocidas, era la regina.
VESTALES. Las vírgenes vestales se
encargaban del culto a Vesta, la diosa del hogar (equivalente
etimológicamente a Hestia). Roma tenía su propia Vesta, como civitas,
probablemente la misma que, en su día, tuvo la casa del rey: Vesta
publica populi Romani Quiritium. Su residencia, en forma de gran cabaña
redonda (acaso como la primitiva morada regia), no contenía imagen
alguna, sino el ignis inextinctus, sempiternus, el fuego del lar de
Roma que jamás debía apagarse. En torno al 9 de junio, mientras se
procedía a limpiar ciertas partes del complejo de edificios de las
Vestales, los días eran religiosi y nefasti hasta que se concluía la
limpieza purificadora. Según algunos, las vírgenes vestales
simbolizaban a las hijas del rey (pasaron de dos a seis) e inicialmente
prestaban su servicio por cinco años. En tiempos históricos, su
consagración solía durar seis lustros y se les exigía virginidad
estricta so pena de ser enterradas vivas. Las aspirantes no podían
tener más de diez años de edad y eran seleccionadas por el collegium
pontificum. No era necesario el linaje patricio. Recibían altos honores
públicos y vivían rodeadas de extraordinario respeto. Su morada era
inviolable y custodiaban, por esa causa, testamentos y documentos
secretos de importancia.