Historia Antigua - Universidad de Zaragoza - Prof. Dr. G. Fatás

CUATRO SACERDOCIOS ROMANOS: pontífices, flamines, rex, vestales.

PONTÍFICES. El sufijo de pontifex indica "que hace" (como en artifex, p. ej.), de lo que se ha deducido que estarían relacionados con los puentes de la Ciudad primitiva, si bien hay estudiosos que recuerdan que, inicialmente, pons vale por "vía, camino", y que el pontífice tendría a su cargo la comunicación de la comunidad romana con los dioses. Los pontífices, presididos por el Pontifex maximus (que sustituyó en esta función al rey y a su sucedáneo religioso, el rex sacrorum o sacrificulus), son un collegium de carácter, en principio, consultivo y encargado de velar por el desarrollo de los ritos y prescripciones de la religión de Roma. Solían celebrar sesiones en el edificio de la Regia, la antigua morada del rex Numa Pompilio, padre de la religión romana organizada, en el extremo E. del Foro, entre la Vía Sacra y la Casa de las Vestales. Los pontífices fueron, al comienzo, tres, todos patricios; pero su número llegó a quince (dieciséis, bajo César, que fue pontifex maximus ). Parece que la forma antigua de designación era electiva, con participación de 17 de las 35 tribus administrativas, escogidas por sorteo. Desde la lex Ogulnia (300 a. C.) la mitad del colegio se reclutó entre plebeyos. Su función era consultiva, pero cuando emitían decreta sobre consultas hechas o asuntos de su incumbencia, podía tenerse un caso como zanjado. Del collegium pontificum formaban parte el pontífice propiamente dicho, los flamines y el rex sacrorum, aunque no conocemos detalles; en ocasiones parece que incluía a las Vestales. Tenían a su cargo, entre otras destacadas funciones, la validez de los rituales, el registro de los Annales y el importante control del calendario público.

FLAMINES. El nombre flamen se ha comparado con el sánscrito brahman y con el antiguo islandés blot fiesta sacrificial). Eran quince. Los maiores eran el flamen Dialis o de Júpiter, el Martialis y el Quirinalis, de Marte y Quirino respectivamente: es decir, de la vieja triada indoeuropea anterior a la oficial de origen etrusco (Júpiter, Juno, Minerva). Los otros doce servían el culto de otros tantos dioses, aunque sólo nos constan diez: Volturno, Pales, Furrina, Flora, Falácer, Pomona, Vulcano, Ceres, Carmentis y Portunus. Con posterioridad al 44 a. C., los distintos emperadores divinizados póstumamente, comenzando por el divus Iulius (42 a. C.), recibieron un flamen específico. El Dialis debía conservarse permanentemente en perfecto estado de pureza ritual, pues se le consideraba persona sacratísima, obligada a evitar situaciones inmundas, evitar contemplar malos presagios, ser objeto de hechizos, etc., por el desvalimiento en que podía, por tales causas, quedar la comunidad.

REX. El rex sacrorum o rex sacrificolus (mejor que sacrificulus ) desempeñó las funciones religiosas del rey, tras el 509. Sujeto a la autoridad del pontifex, era de rango superior a los flamines. Como en el caso del princeps senatus, era patricio e hijo de matrimonio romano pleno. Estaba sujeto a tabúes, su puesto era vitalicio y su esposa, cuyas atribuciones son mal conocidas, era la regina.

VESTALES. Las vírgenes vestales se encargaban del culto a Vesta, la diosa del hogar (equivalente etimológicamente a Hestia). Roma tenía su propia Vesta, como civitas, probablemente la misma que, en su día, tuvo la casa del rey: Vesta publica populi Romani Quiritium. Su residencia, en forma de gran cabaña redonda (acaso como la primitiva morada regia), no contenía imagen alguna, sino el ignis inextinctus, sempiternus, el fuego del lar de Roma que jamás debía apagarse. En torno al 9 de junio, mientras se procedía a limpiar ciertas partes del complejo de edificios de las Vestales, los días eran religiosi y nefasti hasta que se concluía la limpieza purificadora. Según algunos, las vírgenes vestales simbolizaban a las hijas del rey (pasaron de dos a seis) e inicialmente prestaban su servicio por cinco años. En tiempos históricos, su consagración solía durar seis lustros y se les exigía virginidad estricta so pena de ser enterradas vivas. Las aspirantes no podían tener más de diez años de edad y eran seleccionadas por el collegium pontificum. No era necesario el linaje patricio. Recibían altos honores públicos y vivían rodeadas de extraordinario respeto. Su morada era inviolable y custodiaban, por esa causa, testamentos y documentos secretos de importancia.


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